SAN PEDRO CLAVER
Defensor de los Derechos Humanos

Su nacimiento

Pedro Claver nace en Verdú, España, el 26 de junio de 1580, en los albores de la Compañía de Jesús.

Estando ya en Barcelona a donde había ido para realizar sus estudios, tiene contacto con los padres de la orden recién fundada por Ignacio de Loyola. Ya por aquel entonces los jesuitas se extendían por todas partes dedicados a la educación de la juventud y a la propagación de la Fe.

En la Compañía de Jesús

Entra al noviciado en Tarragona en 1602, cuando tenía 22 años.  Allí comienza a descubrir lo que significa conocer a Jesucristo, para mejor amarlo y seguirlo.

Durante este período, como era de costumbre hacerlo, Pedro fue en peregrinación a Monserrate a orar ante la imagen de la Virgen Morena, patrona de Cataluña. Debió de tener presente que ante esta misma imagen, el caballero Ignacio de Loyola había hecho su vela de armas, cuando se entregó a Dios y empezaba a gestarse la Compañía de Jesús bajo la protección de Nuestra Señora.

Después del noviciado prosigue sus estudios en Palma de Mallorca.  Es allí en donde encuentra al Hermano Jesuita Alonso Rodríguez, reconocido por su condición de santo. Tal vez en sus diálogos con este compañero mayor, Pedro Claver fue madurando la decisión de ir a las misiones del Nuevo Mundo y así lo demandó a sus superiores al terminar sus estudios de filosofía.

De regreso a Barcelona prosigue sus estudios, esta vez, de Teología. No ha pasado mucho tiempo cuando recibe la orden de viajar a la recién creada Provincia del Nuevo Reino de Granada, es decir, Colombia. En el ajetreo de Sevilla, ciudad de múltiples facetas, Pedro esperó para poderse embarcar en el año de 1610,  a los treinta años.

En Cartagena

En Cartagena llegó al estrecho colegio de la Compañía, con apenas seis años de fundado. Todavía no es el colegio en el que se encuentra actualmente el claustro de San Pedro Claver.  Lo que si es importante es que allí se encuentra con otro Alonso, esta vez Sandoval, quien lo inicia en el apostolado con los Negros, traídos esclavizados del continente africano. Este encuentro va a definir su vida futura.

En 1­611 viaja a Bogotá para continuar sus estudios de Teología y luego a Tunja con el ánimo de terminar su formación como sacerdote jesuita. Pero su ordenación vendrá más tarde, en la catedral de  Cartagena, el 19 de marzo de 1616 por ministerio del Obispo dominico Fray Pedro de la Vega; cuando ya Pedro Claver habita el actual claustro que lleva su nombre.

Con su ordenación se inicia formalmente su apostolado con los Negros, que se extenderá por 38 años de una labor evangelizadora y humanitaria con los oprimidos, hasta su muerte en 1654.

Testimonio de una mujer esclavizada que conoció al padre Claver: “Era la general defensa y refugio de todos los negros y negras; a él recurrían en todos sus trabajos  en busca de consuelo y ayuda, porque no solo los consolaba de palabra, sino de obra, hablando a sus amos a quienes pedía que no los castigasen ni molestasen inútilmente”.

El 22 de abril de 1622, firma sus votos religiosos como “Petrus Claver, aethiopum semper servus” Pedro Claver esclavo de los esclavos para siempre.

“Pedro Claver es el santo que más me ha impresionado después de la vida de Cristo” León XIII

Por esa época llegaban a Cartagena de 12 a 14 galeones negreros por año. Y en cada uno se hacinaban de 300 a 600 esclavizados.

Parroquia de San Pedro Claver en Cartagena. Bajo el altar mayor reposan los restos de San Pedro Claver.

El santo muere

Las exequias de Pedro Claver el 8 de septiembre de 1654 se convirtieron en acontecimiento importante en Cartagena, pues circuló la voz de que “el santo había muerto”. Sus reliquias mortales reposan en una urna de cristal, debajo del altar mayor del templo que lleva su nombre en Cartagena de Indias,  e innumerables personas las visitan durante el año.

¿Se acabó la esclavitud?

Hoy, los Jesuitas de Cartagena y muchas personas asociadas a nosotros en el Santuario, continúamos en la línea de acción que nos fue legada por “el esclavo de los esclavos”.

Se reconoce hoy en día un avance en la aceptación de los aportes que le ofreció a la nacionalidad colombiana la cultura de origen africano, pero se debe reconocer que queda mucho por hacer y hay que saludar la toma de la palabra de esta población, que a la manera de la “kandanga” se viene oyendo desde los tiempos coloniales y hoy en día se ha intensificado.

La Constitución de 1991 ha abierto perspectivas nuevas, cuando reconoce a Colombia como un país pluricultural, en el que la diferencia es celebrada como una riqueza.  De vivir Pedro Claver en nuestros días, ¿a qué le apostaría?

Texto: San Pedro Claver (Horacio Botero G. S.J.

El 9 de septiembre se celebra la Fiesta de San Pedro Claver y es además día nacional de los Derechos Humanos, en honor al mismo. (Ley 95 de 1985)
Leer más sobre Ley 95 de 1985

Novena de San Pedro Claver

Dios, amado padre nuestro, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza y por medio de nuestro hermano Jesucristo que se entregó hasta la muerte, lo redimiste; te damos gracias por tus innumerables beneficios y por habernos regalado a nuestro Patrono San Pedro Claver, quien contribuyó con sus fatigas al rescate de la dignidad de las personas desde su entrega incondicional a los esclavos. Te pedimos, por su intercesión, que nos ayudes a luchar contra las nuevas formas de esclavitud y a ponernos al servicio de los hombres, para que en cada uno de ellos rescatemos tu imagen y podamos vivir como hermanos.

Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Petición.

Pedro Claver nació en un hogar humilde y cristiano. Sus padres le enseñaron a ver a Jesús en los pobres y desposeídos. Perdió a su madre cuando era un niño; pero un tío suyo le ayudó en los estudios. En el Colegio de Belén, en Barcelona, conoció los trabajos de los misioneros jesuitas en la india y en América. Quiso ser como ellos y entró a la Compañía de Jesús. El 8 de agosto de 1604 hizo sus primeros votos en Tarragona. Prometió al señor ser pobre, obediente y casto para siempre. Desde entonces con mayor entusiasmo se empeñó en seguir a Jesús cada día más de cerca y a entregarse totalmente al servicio de sus hermanos más necesitados. Mientras estudiaba filosofía, y por consejo de su maestro, San Alonso Rodriguez, quiso dedicarse al trabajo misionero en América. Pidió a sus superiores que lo enviaran al Nuevo Mundo, y en 1610 llegó a nuestra patria, la que santificó con su apostolado durante cuarenta años.

San Pedro Claver fue el primer jesuita que recibió la ordenación sacerdotal en lo que hoy es Colombia, en Cartagena, el 19 de marzo de 1616. Desde ese momento se dedicó a servir a los pobres esclavos negros traídos del África en las condiciones más ignominiosas. Era para él un honor llamarse “el esclavo de los esclavos“. No se distinguió como un gran orador, ni escribió profundos tratados sobre el problema de la esclavitud. Realizó su labor sacerdotal con dedicación, atendiendo a las personas en todas sus necesidades, incansable en la tarea de anunciar el Evangelio y administrar los sacramentos. Él es un modelo de respuesta vocacional al sacerdocio, digno de admirar y seguir por los jóvenes de hoy.

San Pedro Claver era hombre de fe profunda. Se dejó guiar por la mano del Señor que lo impulsaba a consagrarse al servicio de los más pobres. “Dios lo haga buen cristiano“, había escrito su párroco en la partida de bautismo, y él lo tomó tan en serio que llegó a ser un gran santo. El Papa León XIII, quien lo canonizó, dijo: “Después de la vida de Cristo, ninguna me ha conmovido tan profundamente como la del gran apóstol San Pedro Claver

En su trabajo nunca persiguió intereses particulares. Su fuerza y su entusiasmo provenían de la fe y de su gran amor a Jesucristo que alimentaba con largas horas de oración. Era también muy devoto de la Virgen María. En su juventud, estando en España, peregrinó varias veces al santuario de Montserrat, y en Cartagena, dos días antes de su muerte, pidió que lo llevaran a la Iglesia para recibir la comunión y hacer la última visita a la imagen de Nuestra Señora del Milagro en cuya Capilla había celebrado su primera misa.

Hablar de la vida de Pedro Claver es hablar de un hombre que supo descubrir con absoluta claridad su vocación de cristiano. Deseaba seguir al Señor por el sendero de la verdad y de la salvación. A la par con su vocación sacerdotal y religiosa, asumió su vocación a la vida con y en Cristo.

Respondió al llamado del Señor: edificar la iglesia, anunciar el Evangelio; esa fue su pasión. Cartagena, los innumerables esclavos que bautizó y evangelizó, los prisioneros y enfermos que visitó, constituyeron el medio en el cual San Pedro Claver respondió a su vocación misionera. Abandonó su patria para ser ciudadano del mundo entero, sirviendo a los pobres y enfermos.

Si algo caracterizó a San Pedro Claver fue su sencillez, su humildad, su espíritu de sacrificio, la entrega total al Señor y a los más pobres. El día de sus primeros votos escribía; “Hasta la muerte me he de consagrar al servicio de Dios haciendo cuenta que soy como un esclavo que se entrega al servicio de su amo, y procura con toda su alma, cuerpo y mente, darle gusto en todo y por todo“. Este hacerse esclavo y fiel servidor del Señor lo demostró en su amor y respeto a los hombres que estaban sometidos a la esclavitud, a los que todos despreciaban y humillaban. Por eso firmó sus últimos votos como “esclavo de los esclavos para siempre“. Todo en su vida era testimonio de sencillez y servicio. Vivió pobremente; en su pieza almacenaba comida y medicinas para los enfermos, a los que ofrecía su propia cama si era necesario y envolvía en su manto a pesar de las enfermedades más repugnantes.

Este sentido de entrega y sacrificio culminó en los últimos cuatro años de su vida, que pasó reducido al lecho con una parálisis agitante, hoy llamada mal de Parkinson. Sufrió calladamente la soledad y el abandono. En medio de estos dolores nunca olvidó los sufrimientos de sus hermanos.

San Pedro Claver supo conjugar en su vida la acción y la contemplación. Toda su acción pastoral la desarrolló siguiendo la motivación de San Ignacio: “Hacerlo todo para la mayor Gloria de Dios“. Para lograrlo, alimentaba su vida apostólica con la oración sencilla y profunda.

Fue un místico en el verdadero sentido de la palabra. Supo enseñar la manera de vivir una auténtica espiritualidad, no desencarnada, sino que llevara al hombre a comprometerse con el servicio de los demás.

Con la oración fortalecía su espíritu y sobrellevaba los reproches que le hacían algunas personas que lo consideraban imprudente y caprichoso por la forma de tratar y acercarse a los esclavos negros.

Largas horas de oración y meditación llenaban los espacios de espera de los barcos negreros cuya llegada observaba desde la ventana de su cuarto que miraba al puerto principal de la ciudad.

San Pedro Claver, después de bautizar a los esclavos, los llevaba al templo; también allí instruía a los que preparaba para el sacramento. Rompió todos los prejuicios raciales, culturales y religiosos. Algunos consideraban que su trabajo no tenía sentido pues los negros no merecían atención ninguna. Las damas se quejaban de la incomodidad que les producía la presencia de los negros “malolientes y apestosos” en el templo, y decían que les era imposible orar devotamente y cumplir con sus deberes religiosos, porque el ambiente se les hacía demasiado pesado. Llegaron a decir al padre Claver que o se iba él con sus negros a orar en una choza o no volvían al templo. A lo cual respondió Claver con firmeza “mis negros están lavados con la sangre de Jesucristo, son hijos de Dios con los mismos títulos que ustedes“.

Soportó que no lo entendieran y que lo tacharan de imprudente. Su actitud era la de Cristo que lucha contra la hipocresía farisaica de la época, la del profeta que denuncia el pecado de quienes esclavizan y deshonran a sus hermanos. Como muchos Santos de la primera iglesia, fue un hombre libre que siguió a Jesús en su firme labor salvadora y liberadora.

La fe y el gran amor a Dios llevaron a San Pedro Claver a entregarse sin medida al servicio de los más pobres y olvidados, dedicando 38 años de su vida a la labor evangelizadora y humanitaria con los oprimidos. La mayor parte de su tiempo la dedicó a trabajar con los esclavos negros. Cuando llegó a Cartagena ya hacía un siglo que se había establecido el tráfico de esclavos. Los tratantes los compraban en el África y los vendían en el mercado de Cartagena como si fueran animales o un objeto cualquiera.

Claver conoció la horrible condición de los negros, y decidió dedicar toda su vida a ayudarles. Se comprometió a ser “esclavo de los esclavos negros para siempre“. Se acercaba a ellos con inmenso cariño; como gesto de amor, besaba las llagas que dejaban en ellos los grillos y las cadenas. Curaba sus heridas y les llevaba alimentos y medicinas. Solía decir: “primero tenemos que hablar con el lenguaje de nuestras manos, y después procuraremos comunicarnos con ellos por la palabra“. Al preocuparse por sus cuerpos, infundía en ellos el respeto a sí mismos y el aprecio de su dignidad como personas.

Con esto buscaba hacerles comprender el valor altísimo del ser humano redimido por la Sangre de Jesucristo. Pero, no se limitó a los negros; todos los débiles y pobres eran objeto de su atención. Visitaba a los enfermos en los hospitales, a los ancianos mendigos abandonados en tugorios, a los leprosos. Y llevaba con él a los alumnos españoles o hijos de españoles del colegio de los jesuitas, para enseñarles a servir a los más necesitados.

Pedro Claver afrontó la realidad de su época: la esclavitud, institución contraria en todo al evangelio, y que no tenía para nada en cuenta el respeto y la dignidad de la persona.

Los eslavos procedentes del África estaban en el más bajo peldaño de la sociedad, incluso por debajo de los mismos indígenas. El esclavo no tenía ningún derecho, no se pertenecía, era incapaz de decidir por sí mismo; en un objeto, un instrumento de trabajo. Se tenía más consideración a los animales, propiedad de los amos blancos, que a los esclavos negros, ¿quién iba a interesarse por ellos?.

El Padre Claver rompe con los esquemas y con el orden establecido. No sólo se muestra hermano de ellos, sino esclavo de los esclavos. Su actitud fue una forma profética de proclamar los Derechos Humanos, de promover la liberación integral del hombre. Con razón hoy se le llama el Precursor de los Derechos Humanos en Colombia.

Con su actitud de servicio, proclamó a los hombres de entonces: que todo ser humano es una persona y debe ser considerado como tal, respetando su dignidad. Que nadie puede sentirse superior o humillar a otro por su condición social. Que todo hombre es hijo de Dios, y por tanto debemos ver su imagen en cada uno de nuestros hermanos, especialmente en el rostro sufriente del pobre, del desprotegido y del enfermo. Que la persona y la comunidad dignifican el trabajo, el cual no puede ser un medio para explotar o esclavizar al hombre.

 

Dios padre misericordioso que nos diste a San Pedro Claver como especial patrono de Colombia, concédenos imitarlo en su amor preferencial por los más pobres y en su gran aprecio de la dignidad humana, de suerte que podamos ser testigos del Evangelio liberador en medio de todos los pueblos y contribuir a la edificación de tu reino en el mundo. Amén.