Semblanza| A Pachito Aldana, S.J. In Memorian

Semblanza| A Pachito Aldana, S.J. In Memorian

Por: Raul Paniagua.

Ayer 24 de junio nos dejó del todo en esta tierra nuestro inolvidable amigo, compañero, soñador, el sacerdote Jesuita Efraín Aldana Miranda, a quien todos conocíamos como Pacho o Pachito Aldana.

Un ser absolutamente integro, comprometido, coherente, desprendido y soñador, que pensó que podía cambiar la suerte de miles y miles de ciudadanos de su Cartagena amada, concentrando sus actividades alrededor de la parroquia de Santa Rita, pero con un radio de acción, inicialmente en toda esa zona desde Lo Amador hasta Loma Fresca, donde hoy su testimonio sigue firme y en el corazón de miles de personas, que siempre vieron y comprendieron en su mensaje la perseverancia y la entrega de un misionero. Pero su misión cristiana, pastoral de testimonio de Cristo llego a toda la ciudad, casi siempre en forma física, directa, en otras a través de sus columnas de prensa en el Universal, que eran el fiel reflejo de su pensamiento y de su convicción en favor de los pobres.

Pacho Aldana- Pachito como le decían en su amada Cartagena fue miembro de una prestigiosa familia cartagenera, donde su madre estuvo vinculada a la educación por más de 50 años y desde su casa comprendió muy temprano que la educación y el servicio a los más pobres, era el camino.

En los años de 60 se hizo ingeniero en la prestigiosa Escuela de Minas, de la Universidad Nacional, sede de Medellín, pero también al poco tiempo descubrió que su vocación no era la ingeniería y se vinculó al seminario de la Compañía de Jesús en tierras antioqueñas.

Por más de 30 años presto sus servicios sacerdotales en diversos sitios del país, hasta cuando empezando los años 90 llegó a nuestra ciudad, donde desplegó todo ese compromiso cristiano con los pobres, con los más necesitados, convencido que el testimonio personal era la condición para ser verdadero sacerdote.

Pacho llego a Santa Rita a continuar una labor que llevaba más de 30 años desplegada por diversos sacerdotes de la Compañía de Jesús, con un ejemplar compromiso con toda una comunidad que empezaron a construir, desde la fundación de diversos barrios, la preocupación por la instalación de servicios públicos, luchando por mejorar las condiciones de habitabilidad, por el montaje del mercado de Santa Rita, por la fundación del Colegio Ana María Vélez y en general creando gran parte de lo que hoy existe en estas comunidades, como decía Pacho, “abandonadas del estado y con la desesperanza aprendida”.

Una vez en Cartagena, Pacho mostró rápidamente su compromiso con todos los pobres de la ciudad, en especial con los llamados pobres históricos, aquellas personas que llevan varias generaciones en las más críticas condiciones de vida, pero también fue claro y coherente en su menaje y acción con los desplazados por la violencia que ya empezaban a llegar por miles, con los movimientos barriales, con los obreros, estudiantes y campesinos. Esto lo llevo a impulsar el Comité de defensa de los derechos humanos, y la mesa por la paz de Cartagena, espacio del cual fue su mayor animador durante algo más de dos décadas.

En esta tarea comprendió que la paz es una condición necesaria para la vida digna y fue un entusiasta impulsor de la Semana por la Paz, iniciativa que nació de la sociedad civil y  años más tarde el congreso de la República  reconoció  en la fecha del 9 de septiembre, como homenaje a Pedro Claver, de quien fue un fiel seguidor en su apostolado, como Día Nacional de los Derechos Humanos.

El compromiso y las convicciones de Pacho se vieron claramente en las columnas que todas las semanas publicaba en El Universal, donde nunca le tembló la mano para denunciar a los corruptos, a quienes se apropiaban de los bienes colectivos, a quienes desviaban las inversiones hacia los más necesitados, a los gobernantes que se aliaban con los más oscuros y reprochables intereses que estaban detrás y dentro de la administración pública, así como tampoco con los más ricos de la ciudad y del país, cuando celebraban ostentosas y vulgares fiestas dentro de matrimonios y otras celebraciones en escenarios públicos.

El desprendimiento de Pacho con los más pobres lo llevaban a asumir compromisos que en más de una ocasión lo llevaron a límites insospechados, a asumir riesgos personales y a involucrar a terceros para poder responder a lo que él se comprometía.

Recordemos al P. Efraín (Pachito) Aldana, S.J. a través de este video del año 2012, cuando desarrollaba su labor desde la Fundación Centro de Cultura Afrocaribe en Cartagena.

Fue un convencido impulsor del Centro de Cultura Afrocaribe, en el cual no solo nos encontramos en distintas tareas, actividades y convicciones, sino que nos llevó a desarrollar una enorme labor en diversos campos de acción, que aun en muchas partes de la ciudad se recuerdan con esperanza y añoranza. Recordamos los innumerables trabajos en favor de la vida de la mano de Rosi Díaz y Raúl Paniagua, Amaury Padilla, Marilyn Pasco, Gustavo Balanta, Nilxon Magallanes, Iván Darío Vargas, María Magallanes y otra serie de amigos, que me excusaran su omisión, juntos, desplegamos muchas tareas que en esos años 90 y principios del presente siglo nos permitieron soñar en una ciudad mejor para todos.

La amistad que nos unió con Pacho no solo fue de compromisos, sino también de sueños. De aceptaciones pero igual de rechazo de lo que pensábamos no era cristino. De convicciones y por lo tanto de luchas, pero esencialmente de compartir esperanzas por una ciudad y un futuro mejor y más digno para quienes vivíamos en esta ciudad. Y así como un verso de la canción de Silvio Rodríguez, hoy querido Pachito podemos juntos decirte “Hombre, hombre y amigo, Aún queda para estar contigo. Hombre, hombre y su tiempo, desciende a mi ciudad tu ejemplo.