Hoy, 25 de agosto, la Compañía de Jesús en Colombia recibe con profundo dolor la noticia del fallecimiento del P. Javier Giraldo, SJ a la edad de 82 años.
61 años de vida religiosa y 50 de sacerdocio no caben solamente en una cifra. Son años entregados a la búsqueda de la verdad, a la defensa de la dignidad humana y a la escucha de quienes tantas veces fueron silenciados por la violencia, la exclusión y el olvido.
El P. Javier fue un hombre incómodo para quienes pretendían que la historia se olvidara. Su palabra, sus investigaciones y su compromiso pastoral estuvieron marcados por una profunda preocupación por las víctimas y por las comunidades que han sufrido las consecuencias de la violencia. Fue especialmente crítico frente a los procesos de paz y a los marcos jurídicos de justicia y paz, y dedicó buena parte de su vida a documentar y denunciar los vínculos que, según sus investigaciones, existieron entre estructuras paramilitares, sectores de las Fuerzas Armadas y actores del Estado colombiano.
Su opción no fue una postura distante ni meramente académica. Caminó junto a comunidades concretas, escuchó sus dolores y acompañó sus luchas. Estuvo cerca de líderes populares y comunidades de lugares como Cajamarca, Marmato, el territorio del Quimbo, el Páramo de Santurbán y Buenaventura, allí donde la defensa de la tierra, del agua, del territorio y de la vida se convirtió también en una defensa de la dignidad humana.
Javier Giraldo entendió que la memoria no es vivir anclados en el pasado. Recordar es impedir que el dolor de las víctimas sea convertido en silencio. Por eso, su vida estuvo atravesada por una convicción profundamente cristiana: que ninguna persona puede ser descartada y que la verdad, aunque incomode, sigue siendo un camino necesario para la reconciliación.
Hoy despedimos a un jesuita que comprendió el sacerdocio como presencia, acompañamiento y servicio; un sacerdote que no tuvo miedo de acercarse a las heridas más profundas de Colombia; un hombre cuya voz muchas veces fue crítica, fuerte y controversial, pero que nació de una preocupación radical por la vida y por quienes permanecen en las periferias de nuestra historia.
Quizás esa sea una de las imágenes más hermosas para recordar al P. Javier: un hombre que decidió caminar hacia donde otros preferían no mirar. Allí encontró rostros, nombres, historias y comunidades. Allí escuchó la Colombia que no siempre aparece en los discursos oficiales. Allí comprendió que evangelizar también significa ponerse del lado de la vida, defender la dignidad de quienes sufren y mantener encendida la memoria.
Su partida deja un vacío, pero también una pregunta que permanece: ¿qué hacemos nosotros con las verdades que hemos recibido, con las heridas que hemos conocido y con las historias de quienes todavía esperan justicia?
Que el Dios de la vida reciba al P. Javier Giraldo, SJ y que su memoria siga siendo semilla de esperanza, compromiso y búsqueda de la verdad.
Que descanse en paz.
Santuario de San Pedro Claver | Cartagena, Colombia.



